Llegó la cigüeña
Aunque su arribo a este mundo estaba pensado para el 16 de marzo del 2006, Marianita nació el viernes 10. Estaba apurada la niña, no cabe duda, porque el parto fue de lo más veloz: 20 minutos de pujadera y... zuassss... salió, exactamente a las 6:17 a.m.
Con 48 cm de estatura y 2,860 gramos de peso, a la pequeña se le asignó rápidamente su primera misión: engordar. En pocas semanas se volvió una experta en el tema y ganó el título de "piernas gordas".
A diferencia de la mayoría de recién nacidos, ella no se había enterado de que debía dormir la mayor parte del tiempo. Así que se la pasaba despierta muchas horas seguidas durante el día. Felizmente, al llegar la noche dormía como una bendita y había que despertarla para mamar, después de eso, volvía a entregarse a los brazos de Morfeo.
Al momento del baño afinaba la garganta y ponía a prueba toda su capacidad pulmonar, que era formidable, porque hasta en la casa de la tía Marina se le escuchaba. Pero con el pasar del tiempo le fue gustando el agua y aprendió a gozar ese momento.
Y si bien en un principio parecía querer regresar a la barriga (probablemente asustada por el futuro del país, ya que la contienda electoral se libraba entre Alan García y Ollanta Humala), a los dos meses y medio se volvió un ángel. Se especula que tomó un curso acelerado de budismo zen, porque el cambio fue radical y de un día para otro.
Ahora Marianita disfruta entre sonajas y canciones de ronda, mirando las caras alegres que se asoman a verla, riendo de las gracias que todos hacen a su alrededor, diciendo "uh", "uy", "me-me", agitando sus piernas con fuerza y levantando la barriga para que la carguen.
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